Hablar de una piel sensible es referirse a un tipo de piel con baja tolerancia y sensibilidad excesiva. Esta reacciona más que una normal, ya que presenta enrojecimiento y picazones que producen incomodidad.

Dentro de la sensibilidad existe, la piel sensible natural, cuya característica más visible, es que puede ser un poco seca y se enrojece con facilidad. Luego se encuentra la piel sensible reactiva, es decir, que los agentes externos como lo son, el clima y productos de cuidado, pueden causar una mala reacción.

Dentro de sus clasificaciones se encuentra la sensible ocasional, la cual causa afecciones cutáneas, acné, entre otras. Cuando se identifica con la sensibilidad, es importante que se observe si el cutis es hipersensible y qué cosas lo ocasionan para que empiece a tomar las medidas preventivas necesarias.

Esta es una piel inestable que con frecuencia se presenta en la región facial, en el escote y otras zonas como las extremidades o cuero cabelludo. La exposición al sol, el frío, el medio ambiente y la aplicación de cosméticos y perfumes pueden generar una mala reacción. El umbral de tolerancia en este tipo de piel se disminuye, ya que ocasiona una superproducción de radicales libres, elevando la secreción de citoquinas y moléculas pro inflamatorias.

Si tu piel es sensible, es importante ponerle atención para tomar ciertas medidas a la hora de limpiar e hidratarla. Es importante evitar productos químicos o cosméticos, además de cuidarse de la alimentación. Algunas recomendaciones son, incluir alimentos que tengan vitamina C, la reducción de bebidas alcohólicas y alimentos que contengan especias.

Otros consejos para darle un manejo correcto a la sensibilidad son evitar lugares demasiados calientes y húmedos, usar jabones suaves sin detergentes, a cambio, aplicar leches limpiadoras y agua. Un punto importante es el cuidado que se debe tener con los tratamientos cosméticos, ya que estos pueden generar hipersensibilidad.