Hay que enfrentar la obesidad con un tratamiento que integre el tratamiento quirúrgico con hábitos saludables y rutinas de ejercicio. Existen decenas de tratamientos efectivos para la obesidad y cada día se conoce el surgimiento de alguno nuevo. Sin embargo, ¿por qué si aparentemente este problema es tan fácil de resolver sigue siendo un trastorno que prevalece altamente en casi todo el mundo?. Durante años la obesidad fue abordada a partir de dos aspectos: el control del ingreso y del gasto calórico. El tratamiento entonces descansaba en la disminución del primero y en el aumento del segundo.

Gracias a estos tratamientos se lograban pérdidas de peso significativas en períodos de tiempo relativamente breves; sin embargo, ciertos hechos evidenciaban que esta no era la solución del problema, sobretodo si se tiene en cuenta que a los obesos (especialmente aquellos que lo han sido durante cierto tiempo) les resulta extremadamente difícil mantenerse adheridos a tratamientos para bajar de peso que les generan diversas agresiones, como:

  • Limitar la cantidad de alimentos que están acostumbrados a ingerir diariamente
  • Prohibir el consumo de ciertos alimentos que constituyen en muchos casos sus preferencias alimentarias.
  • Hacerles sentir la vivencia casi permanente de hambre y la imposibilidad de remediarla.
  • Exigirles desarrollar un programa de ejercicios físicos a los que no están habituados y cuya práctica les genera, al menos inicialmente, molestias físicas y psicológicas.

Es bueno recordar que para una persona obesa, desde edades tempranas de su vida, existen varias razones que los llevan a rechazar la actividad física: burlas de sus compañeros de juego cuando niños, vergüenza de usar ropa deportiva y de mostrar su figura en público, escasas habilidades para la realización de estas actividades, etc. Estos y otros factores, convierten a los citados tratamientos en verdaderos períodos de tortura para muchas personas con exceso de peso que se ven abocados a tomar una decisión de crucial importancia: someterse a ellos, o perder su salud irremisiblemente.

En realidad una perspectiva nada agradable. La obesidad es un problema complejo que debe ser observado desde un ángulo mucho más amplio que el del simple equilibrio entre el ingreso y el gasto energético. Existen aspectos más controvertidos, polémicos y que cobran mayor relevancia teórica y práctica, como el estudio de los factores psicológicos, biológicos y sociales relacionados con el comer. La composición corporal de una persona (característica biológica que la identifica) es en parte la consecuencia de sus hábitos de vida social y también un factor integrante de su personalidad.

En el 95% de los casos de obesidad, la composición corporal del sujeto guarda relación con un peculiar estilo de vida perjudicial para su salud, ya que durante mucho tiempo han estado arraigados a conductas y malos hábitos, que para ser cambiados hay que impactar en su conciencia, en el amor y el respeto por sí mismos.

Así las cosas, es claro que en el establecimiento de patrones alimentarios no sólo influyen aspectos biológicos; sino también psicológicos y sociales, y que de su adecuada interacción dependen conductas alimentarias sanas y equilibradas o, por el contrario, perjudiciales y finalmente patológicas.

El tratamiento integral es más que evidente que la manera fisiológica de promover una reducción del exceso de grasa corporal parte de la reducción de la ingestión y el aumento del gasto calórico, pero se trata de un proceso que debe desarrollarse armónicamente, a partir de cuatro objetivos:

  1. Reducción de peso a expensas de la grasa corporal, con el máximo de eficiencia.
  2. Reducción sin recaídas.
  3. Cambios definitivos en el estilo de vida.
  4. Preservación de los eventos de crecimiento y desarrollo (en niños y adolescentes).

En tal sentido, un tratamiento integral obligará a que estos objetivos se apoyen en tres pilares fundamentales:

  1. Técnicas psicoterapéuticas dirigidas a modificar el estilo de vida.
  2. Incremento de la actividad física.
  3. Modificación del patrón nutricional.

La reducción de peso y su sostenimiento es posible, gracias a la modificación permanente del estilo de vida del paciente, lo cual incide favorablemente en su salud y mejora su calidad de vida.